Dennise Dresser
8 Marzo, 2010
Por Arturo Joachín
Las alianzas concretadas por los jerarcas del PAN y el PRD, a las que se han unido en algunos casos el PT, PANAL y Convergencia, muestran el desesperado intento por debilitar y si es posible impedir de una vez por todas el regreso del PRI a Los Pinos en esta antesala que implica la renovación de las gubernaturas de 11 estados de la República.
La debilidad electoral de blanquiazules y amarillos los lleva a dejar a un lado los principios en los que estos partidos fueron fundados y tomar una estrategia que se base no en doctrinas, sino en praxis. El objetivo en común que es mermar el incontenible avance del PRI lo han tenido desde siempre, a excepción de 2006, donde el PRI ya estaba previamente vencido. Los presidentes de ambos partidos afirman que no se deben confundir principios con coaliciones electorales ni mucho menos con la legitimación de Felipe Calderón como Presidente; Jesús Ortega incluso compara dicha alianza con la que se suscitó en la Segunda Guerra Mundial entre las democracias occidentales y la Unión Soviética con el único fin de derrotar a la Alemania Nazi. Esta postura ha causado polémica dentro de los mismos partidos, doctrinarios se enfrentan a heterodoxos, fundadores a pragmáticos. El debate se equipara al momento en el que el PRI dio un viraje a sus políticas, de los ideales revolucionarios a los dogmas “neoliberales”.
Beatriz Paredes, Presidenta Nacional del PRI, hace unas semanas se burlaba con desprecio de estas coaliciones pero, no fue sino hasta que Francisco Rojas, coordinador de la fracción parlamentaria priista en la Cámara de Diputados, dio a conocer el pacto que hubo entre la Secretaría de Gobernación y la cúpula priísta, que se percibió la inquietud del tricolor por estas alianzas. El pacto implicaba, según afirman, que el gobierno federal desmantelaría las alianzas que se proyectaban en algunos estados para acabar con el “cacicazgo” priista a cambio de que el PRI, primera minoría en San Lázaro, aprobara el paquete fiscal enviado por el ejecutivo para este año. De haber existido este pacto, es evidente que ninguna de las partes lo cumplió y al final el responsable de la política interior del país, Fernando Gómez Mont, salió lisiado, el PRI también recibió un duro golpe pero el artífice del pacto se libró completamente: Felipe Calderón.
La nueva apuesta de Calderón por derrotar al PRI en sus bastiones regionales corre los mismos riesgos que el verano pasado. Germán Martínez fue la decepción, con César Nava no se vislumbra un futuro diferente, quizá porque se sabe de antemano que el blanquiazul no se lidera desde el Comité Ejecutivo Nacional, sino desde los Pinos. El Presidente todavía no sabe que es distinto gobernar a su partido desde la comodidad y el lujo de la oposición que desde la silla presidencial, convirtiéndose en el mismo mal que intenta o por lo menos intentó erradicar.
“Al PRI, sólo puede vencerlo el mismo PRI”, esto lo saben César Nava y Jesús Ortega. Lo tuvieron en cuenta a la hora de la postulación de candidatos en el caso de Puebla con el expriista Rafael Moreno Valle, en Durango con José Rosas Aispuro que recientemente renunció al tricolor. En Veracruz, estado en el que el PAN va solo, el candidato Miguel Ángel Yunes también es emanado del PRI y en el caso de Sinaloa se cabildea para que el abanderado del blanquiazul sea el ahora senador priista Mario López Valdés.
Es bueno saber que el PAN sacó al PRI de los Pinos… para perpetuarlo de una forma u otra en los estados.
El resultado de estas elecciones trazará el rumbo político del país tanto para los herederos de Calles que cuentan con su aceitada maquinaria política creada hace más de 80 años como para los no tan partidarios de Gómez Morín que están actuando al margen de sus consideraciones éticas y sus principios al aliarse con “la izquierda moderada” de “los Chuchos” para los que tampoco la estrategia se basa en principios, sino en la búsqueda de un resultado electoral favorable. Enhorabuena, todo sea por el bien de México.

Por Guillermo Fajardo
El presidente Felipe Calderón está jugando a ver que le sale mejor: de una mordida pretende comerse todo el pastel. Después de las muy criticadas alianzas en varios estados de la república, entre el PAN y el PRD, el Presidente sale a decirnos que “las estrategias electorales no siempre contribuyen, por desgracia, a que se pueda generar ese ambiente constructivo de acuerdos”. Ahora, con estas declaraciones, pretende subsanar la mala decisión tomada con su anuencia y, de paso, sentir empatía hacia los electores, rodeados de un halo de perplejidad y asombro: el PAN pacta con un partido que aún ve en Felipe Calderón a un Presidente ilegítimo; el secretario de Gobernación renuncia a su militancia; el Presidente ahora dice que las alianzas no serán tan positivas. ¿Qué más esperar? La fábrica de decisiones dentro del PAN parece estar oxidada o, al menos, mal comunicada. Al pactar con el PRD para arrebatarle al PRI la gubernatura en los estados, los azules, en ese instante, abofetearon al tricolor. El subtexto en el mensaje del Presidente refleja un terror absoluto: si la estrategia deviniera en fracaso total y el PRI les frenara o, al menos, modificara completamente las reformas, entonces el de por si endeble tablado en el que se sostiene el PAN se destruirá: los tricolores ganarán los estados y se nombrarán artífices de las reformas; súmenle a esto los festejos del Bicentenario y estaremos empapados de PRI. La abstrusa estrategia panista ha dejado una estela de confusión en donde sí, se distinguen muchos objetivos fundamentales, pero no buenas guías para llegar a ellos: el sacrificio requiere apartar del futuro un camino posible y así tomar otra alternativa que, buena o mala, se debe de sostener para no infectar de incertidumbre el siguiente paso: no es recomendable tomar una decisión de ese tamaño, y después intentar dar la imagen de un Presidente que lamenta, poco tiempo después, las consecuencias adversas que de dicha decisión puedan emanar. Parece que con ésta declaración el Presidente estuviese declarando muerta su estrategia: no hay signo más claro que el hecho de disculparse ante la Nación por los perversos efectos futuros. Esto es, también, echarle la bolita al PRI; es como decir: “en sus manos está la frágil decisión de apoyar las reformas, o llevar a México por la misma corriente.” La cobardía del PAN ha optado por tirar la piedra y esconder la mano; por infringir un código de razones obvias cuya observancia mantenía a flote la poca credibilidad del partido; por querer esterilizar al PRI a como dé lugar. No existe incentivo alguno para que los indecisos opten por el PAN en el 2012: panistas y perredistas juntos en el 2010, reclutando a ex priistas para derrocar al PRI; una lucha contra el narcotráfico cada vez más lastimera, cuyas víctimas claman desde todos los rincones por justicia; la falta de un candidato sólido que tome las riendas del partido para de una vez adoptar una postura fuerte, que inicie un movimiento de reconstrucción, de revaloración y liderazgo. El régimen de optimismo, decisiones polémicas (la extinción de Luz y Fuerza; la cruzada moral contra los matrimonios homosexuales) y unidad dentro del PAN parece resquebrajarse tras un velo de miel: no hay partido tan necio y extraño como el PAN: a veces se ha dicho que incluso en el poder quieren ser oposición. Parece que a los panistas les encanta mirar los atardeceres soleados, pero siempre con un aviso inminente de tormenta: es lo mismo que salir a jugar bajo la lluvia pero al mismo tiempo entristecerse por tomar esa decisión, pues la posibilidad de contraer un refriado es mucho más alta que en el interior; la solución está en no salir, para no empaparse, o en salir, para disfrutarla.
Por Mercurio Cadena
“La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayor parte de los hombres le teme”.
G. B. Shaw.
Aplaudo con fervor la iniciativa de mi buen amigo Paco Peña al no sólo criticar, sino proponer una solución con respecto a nuestro monstruo democrático, que como bien dice conjuga una reciente hipertrofia libertina junto con una clara votación sujeta a las más graciosas condescendencias. He decidido aportar al sano debate con algunas sesudas opiniones.
He de decir que Paco me tenía completamente cautivado cuando hablaba de la fuente por excelencia (Al menos en las críticas) del atraso mexicano: la educación. Cuando definió educación no como el acumulamiento de información, sino como “saber pensar por sí mismo, pero no para sí mismo”, simplemente desfallecí, complacido de percibir semejante sensibilidad social. Independientemente de lo que yo le agregaría al problema (Como las estructuras sociales que no dejan que los no-educados, al menos, tomen decisiones si no críticas, sí al menos beneficiosas al colectivo), no dudo que “dio en el clavo”, al menos en el aspecto general.
–Ahora vendrá una buena solución- pensé al seguir leyendo el artículo. El anhelo permaneció; la satisfacción de verlo satisfecho, no tanto.
Me parece que su principal error fue asumir que como criticaba a nuestra sociedad democrática, la única solución posible era la casi completa antítesis de lo criticado, al más puro estilo hegeliano. En una (quizá) excesivamente libre interpretación, diré lo que entendí con respecto a la solución planteada: “Si la mayoría de la gente no sabe hacer democracia, ¡Hagámosla los que sí la manejamos, por más pocos que seamos! Los ignorantes, al final, se beneficiarán de nuestros atinadísimas acciones, y dejarán de arrastrarnos a todos al páramo de desolación y pobreza en que se ha convertido nuestro candoroso pedacito de Tercer Mundo”. Propone, pues, más que una oligarquía, una “democracia selectiva” (No necesariamente utópica, en el sentido de no-realizable, aunque quizá sí en el de inefectiva para la consecución de los fines).
A mi parecer, lo único que se conseguiría con semejante acción sería eliminar la hipocresía y desfachatez con la que juegan algunos de los que controlan al país, al pasar de un manejo maquillado que aprovecha la ignorancia, a uno oficial e “ilustrado” (en el mejor de los casos), pero no por ello menos opresor. ¿Quién nos garantiza que la democracia “hecha por los educados” sabrá solucionar los problemas emblemáticos de México, que de tan emblemáticos que son ya considerados como “endémicos de la nación”? (Así se refirió Amnistía Internacional de la impunidad mexicana). Si se quiere que la gente no venda su voto ¡Hay que darles las oportunidades necesarias para que ellos consigan lo que les ofrecen a cambio del voto! Sólo hasta que la gente tenga lo necesario para vivir bien, la política (Y con ella la democracia) será parte del interés de la gente. No se les puede pedir lo contrario ¿O es que acaso vamos a solucionar el problema del voto desinformado quitando el voto, en lugar de convertirlo en informado? Me parece tapar el pozo con el niño ahogado.
Creo que se perdió de vista el verdadero objetivo, que es el desarrollo nacional. La medida propuesta por Paco sin duda ayudaría a que la democracia mexicana “funcionase” mejor, pero ¿De qué nos serviría una democracia eficiente, si se pierde por completo su función de MEDIO para la consecución de otros fines que solemos englobar en “desarrollo nacional? Y no sólo eso, ¿De qué nos sirve si, además de no garantizar el desarrollo, se vuelve un lastre para el mismo?”
Aquí entramos en un profundo debate que tiene por tema qué entendemos por desarrollo nacional. Es por esto, quizá, que no concuerdo con la solución de Paco. Para mí el progreso nacional se medirá conforme más personas obtengan autonomía; es decir, conforme más personas sean capaces de ejercer su libertad de manera conciente e informada y tomando en cuenta lo que la sociedad establezca como “la esfera privada de todo individuo”. Si alguna medida para mejorar la democracia implica eliminar cualquier atisbo de libertad, diálogo, derecho, o cualquier otro elemento imprescindible para el desarrollo pleno y autónomo del individuo, dicha medida será profundamente contraria a los mejores intereses nacionales, y lejos de ser un avance, significará un profundo retroceso.
El problema está en lograr que TODOS puedan ejercer su libertad de manera conciente e informada, y para eso TODOS necesitan acceso a las oportunidades. No se trata de reducir la participación, sino de mejorarla; no se trata de eliminar padrones electorales, sino de hacer que los padrones ejerzan bien su derecho. El problema medular NO es que la democracia no funcione, sino que existen ciertos problemas fundamentales que mientras no sean resueltos, no dejarán que la democracia mexicana pase del reino del anhelo al de medio eficiente para la obtención de fines colectivos. Hablemos, pues, de educación, alimentación, salud, seguridad, vivienda, igualdad jurídica; no de opresión, elitismos y “líderes ilustrados”. Doscientos años de paliativos son suficientes. Es hora de enfrentar estos problemas de manera directa, en lugar de establecer nuevas soluciones cortoplacistas y miopes que, de facto, implican indudablemente un paso hacia atrás.
Creo firmemente que el error no está en habernos vuelto demócratas y libres, sino en la incapacidad mayoritaria de disfrutar de igual manera estas nobles condiciones.

Por Diego Argüelles Llausás
Seamos irritables o no, hay muchas cosas que nos molestan. Algunas tienen razón de ser, otras tantas son totalmente irracionales; algunas son grandes y otras pequeñas. Desde el inicio de este semestre hay una cosa, pequeña, casi diminuta, que me molesta cada vez más y más. Se ha vuelto una piedra en el zapato de mis andares por estos pasillos. Se los comparto, a ver si con alguien coincido.
Este semestre, mi sexto en el instituto, llevo media docena de materias. La gran mayoría de ellas tienen que ver con el mundo de los negocios, lo cual tiene sentido –ya que mi título dirá: Ingeniería en Negocios. Estando en el ITAM, todas estas materias tienen un contenido teórico y objetivo que pretende dejar de lado, lo más posible, el factor humano. Al fin y al cabo, “everybody lies”. Vemos estrategia, con números; vemos procesos, con números; vemos todo, en números.
Es por esto que me molesta cuando, al frente de un gran grupo, el profesor, haciendo uso de la palabra, nos dice: “Y es por esto que digo que las {Finanzas, Pronósticos, Estrategia, Marketing, etc.} son una ciencia pero también son un arte.” Escucho esto y mis venas se hinchan, los vellos de mis brazos de erizan. Quiero que quede claro:
Las Finanzas, los Pronósticos de Negocios, la Mercadotecnia, el estudio de Procesos y demás parecidos, no son, nunca han sido y jamás serán arte.
Al observar el contexto creo que entiendo porque pretenden igualar sus respectivas materias con arte. Creo que quieren justificar sus disciplinas como arte por el factor de interpretación y de juicio que involucran. Me pesa decirles que no es esta presencia de la interpretación lo que define al arte. El arte es mucho más que la mera existencia de interpretación.
Me molesta que digan que estas disciplinas son un arte por dos motivos. Primero, creo que demeritan a aquellos intentos que realmente si pretenden ser arte dentro de nuestro Instituto. Me refiero en específico a Opción y, en algunas ocasiones, a esta publicación, las cuales si hacen un intento por crear arte. Segundo, creo que el arte nunca fue, ni será, algo pertinente a esta institución, pretenderlo es innoble. Somos el Instituto Tecnológico, por favor. Aquí no cabe el arte más que como ejemplo en alguna clase de valuación. En estos salones, la enseñanza se enfoca en la utilidad, en la producción, en la eficiencia y en la racionalidad. Esto es enemigo jurado de todo tipo de buen arte. Aquí, lo que se enseña tiene una función específica, objetiva y cuantificable: crear alumnos con un alto nivel teórico, una base sólida de racionalidad y, sin querer, cierto desdén a la emoción y subjetividad.
Hace tiempo, me encontré a mi mismo en una parada de camión con una mujer. Ella estudiaba arquitectura y, por azares del destino, terminamos hablando del arte. “Para todo esto, ¿qué es el arte?” le pregunté. “Hay muchas definiciones. La que a mí más me gusta es: el arte es aquello que se hace sin tener ningún propósito, sin ningún uso o intención específica.” Me tomó un momento absorberlo. Luego volteé a verla y le dije, “Creo que te equivocas. El arte si tiene un propósito.” Al ver su cara de confusión, mezclada con cierto enojo, le aclaré, “La función del arte es la más importante de todas: la sublimación del espíritu humano.”
… y así vive un hijo de la Malinche.